jueves, 20 de marzo de 2025

Alemania se rearma: el regreso de un viejo fantasma

La historia parece repetirse en Alemania. Bajo la excusa de la seguridad europea y el auge de las tensiones con Rusia, el país germano ha comenzado una conversión acelerada de su industria civil en una maquinaria bélica, recordando de forma inquietante a los preparativos de la Alemania nazi en la década de 1930.

Rheinmetall, el mayor fabricante de armas de Europa, ha anunciado su intención de transformar sus plantas de Berlín y Neuss, hasta ahora dedicadas a la fabricación de piezas para automóviles, en fábricas de producción militar. Esto marca así un punto de inflexión en la política industrial alemana.

Bajo la presión de la nueva coyuntura geopolítica y el repliegue de Estados Unidos con la llegada de Donald Trump a la Casa Blanca, el gobierno alemán lo tiene claro. Su vía es la del del rearme, y para ello va a impulsar la conversión de su industria en un engranaje militar.

En los años previos a la Segunda Guerra Mundial, el régimen nazi justificó la transformación de la industria automotriz en un pilar de su rearme. El pretexto fue garantizar la seguridad y fortalecer la economía.

Empresas como Volkswagen, BMW, Opel y Mercedes-Benz pasaron de fabricar automóviles a ensamblar camiones militares, motores para aviones y vehículos blindados. Con ello, prepararon a Alemania para la guerra mecanizada que arrasaría Europa pocos años después. 

Así, Vokswagen, fundada originalmente para producir el "coche del pueblo", durante la guerra la empresa se reorientó a fabricar vehículos militares, como el Kübelwagen y el Schwimmwagen. Opel fue conocida por el Opel Blitz, un camión militar que fue esencial para el transporte de la Wehrmacht, la compañía reestructuró parte de su producción para satisfacer las necesidades del régimen nazi. Por su parte, además de fabricar coches, BMW produjo motores para aviones y otros componentes militares, adaptando sus líneas de producción a los requerimientos del esfuerzo bélico. Y Mercedes-Benz también tuvo un papel importante, fabricando camiones y otros equipos necesarios para la maquinaria de guerra.


Hoy, Alemania parece recorrer la misma senda, con empresas como Rheinmetall y KNDS Deutschland reconvirtiendo sus fábricas civiles para que sus nuevos usos consistan en la producción de armamento, vehículos de combate y municiones.

El argumento utilizado por las autoridades alemanas es la necesidad de fortalecer la defensa europea ante una supuesta "amenaza rusa", la de un país que no tiene capacidad operativa para invadir más que un 20% del territorio ucraniano pero que es presentado como un peligro para toda Europa.

Si queremos buscar las verdaderas causas del rearme, tenemos que mirar hacia lo material, siempre las condiciones materiales son las que nos van a revelar lo que sucede. Y es que a día de hoy, Alemania se encuentra atrapada en una crisis económica provocada, en gran parte, por la pérdida del acceso al gas ruso tras la guerra en Ucrania y las sanciones impuestas a Moscú. Dos años consecutivos de recesión han minado la competitividad de la industria germana, y la reconversión hacia la producción militar aparece como una vía desesperada para revitalizar su economía, tal como ocurrió en los años 30 bajo el régimen nazi.

El riesgo es terrible. La historia ya nos ha demostrado que una Alemania rearmada y en crisis económica no es una buena combinación para la estabilidad geopolítica. La transformación de su industria en un motor de guerra, unida a un contexto de tensiones crecientes con Rusia y un clima político cada vez más belicista apoyado casi sin excepción por la Unión Europea, podría tener consecuencias catastróficas.