martes, 8 de mayo de 2012

Bankia: una oportunidad histórica de tumbar este sistema



En los últimos días ha llegado una que se veía venir desde el verano pasado. Que lo de Bankia era un pufo, que “Bankia” era el nombre en clave para el “banco malo” que oficialmente nunca se creó, y para cuyo rescate el Estado debe destinar ahora una partida estimada en 7.000 millones de euros, que se suman a los 4.500 que ya destinó hace casi un año.

Mientras Rodrigo Rato abandona el barco defendiendo lo bien que ha hundido Bankia y el gobierno del PP prepara el rescate, Rubalcaba interpreta con el PSOE el papel de partido alternativo del mismo gobierno diciendo que él tiene sus ahorros en Bankia y que no piensa moverlos. Tranquilidad. No saquéis el dinero. Como siempre en lo importante, PP y PSOE se unen para defender a los privilegiados de quienes son marionetas, incluso si el precio del rescate es más del triple de los 2.000 millones recortados en Ciencia e I+D, y cinco veces lo recortado limitando la subida de las pensiones a un 1%, 1.500 millones de euros.

Aunque Bankia fuera insostenible desde un principio, aunque en este pufo de banco malo trabaje un número record de familiares de políticos, somos los de abajo los que lo vamos a seguir pagando. Lo paga el trabajador con el IRPF que se ha aumentado, lo paga el pensionista, lo paga el funcionario al que se le bajó el 5%, y lo seguiremos pagando entre todos.

Tenemos dos opciones. Una es seguir tragando. La otra, es provocar el colapso. Y hoy tenemos una gran oportunidad para esto último.

Las manifestaciones son una interesante demostración de fuerza, pero en el fondo sabemos y tenemos que asumir que sólo con eso no nos van a hacer caso. Debemos hacer uso de nuestro poder para tirarlo todo abajo, que nos miren susurrando confundidos, “¿muera yo y todos los filisteos?”, y que así nos teman y empecemos a ser realmente capaces de poner fin a esta estafa de escala mundial.

Esta propuesta. puede sonar un poco fuerte. ¿Tirarlo abajo todo?. ¿Y la posibilidad del volver al “estado anterior”, cuando las cosas funcionaban dentro del capitalismo? Quizá si esperamos nos devuelvan los derechos, quizá cuando todo vaya mejor...

Pero incluso aquellos de vosotros que sólo os habéis interesado en estas cosas recientemente, habéis visto por lo vivido en este último año que ellos no van a ceder. Más deprisa como el poli malo del PP, más despacio como el poli bueno del PSOE, el Estado del Bienestar está siendo y será sistemáticamente destruido a pesar de nuestra oposición. ¿Y por qué? Porque no nos tienen miedo, porque incluso si vamos a las plazas y las rebosamos, al acabar la manifestación regresamos para vivir atrapados por las reglas de su sistema, las reglas de los estafadores que con dinero público sufragan al verdadero poder: la banca.

No tenemos ninguna posibilidad contra ellos. Y lo saben. Y ya no temen que sus mentiras sean obvias, porque el verdadero chantaje que subyace a su discurso es que si caen ellos, caemos todos.

Pero precisamente por eso, es nuestro turno de tomar la iniciativa y aceptar la apuesta. Es una apuesta muy alta la que nos han planteado, “¡si caemos nosotros, caeremos todos!”. Un órdago en toda regla. Pero al final del túnel tenemos las de ganar. Somos más, somos muchísimos más, y sin nosotros no son nada.

Hoy actuando localmente en España, existe una oportunidad histórica de clavarle una estaca en el corazón al sistema financiero internacional. Hundiendo Bankia hundiremos por efecto dominó a la banca alemana y europea, y de ahí todo lo demás.

Por eso es necesario que retiremos nuestro dinero de Bankia, aunque sea paso a paso. Por muchos créditos que se le den, un banco no puede funcionar sin clientes. Debemos convencer a quienes nos rodean para que actúen, si no por convencimiento, por miedo a perder el dinero que tienen en Bankia. Es nuestro momento de actuar y equilibrar la balanza, aterrorizando a los poderes fácticos y haciéndoles ver que no tenemos miedo.

En que finalmente aceptemos este órdago existe una oportunidad histórica de derribar sin violencia un capitalismo basado en la estafa y la represión de quienes no formamos parte de las castas privilegiadas.

¿Estaremos dispuestos a sacrificarnos para que nuestros hijos no crezcan esclavos?

jueves, 12 de abril de 2012

La vasquización de España

Durante muchos años, el País Vasco ha sido la excepción española. El lugar donde uno podía saltarse normas democráticas básicas. ¿Que no te gustaba el periódico Egunkaria porque era el único editado en euskera?. Pues lo cerrabas, torturabas a quienes lo editaban, y si siete años después los absolvían para entonces poco periódico quedaba ya. ¿Que tenías la oportunidad de utilizar eso del “terrorismo” contra todo e incluso legalmente que cualquier tipo de violencia callejera contra bienes inmuebles fuera terrorismo? Pues también, sin problemas. ¿Ilegalizar partidos políticos?. Ahí estaba, Ley de Partidos aplicada a mansava hasta que el Tribunal Supremo o el Constitucional vengan a pararte los pies porque se te va de las manos.

En la España del boom inmobiliario y los asalariados precarios hipotecándose a cincuenta años todo era alegría, y al ciudadano le daba igual que se les arrancara los derechos democráticos a los vascos, porque al fin y al cabo estaba la ETA y los vascos eran en general bastante peligrosos y había que tenerlos controlados. Todo se permitía porque el País Vasco era el enemigo interior designado por España, cosa que los medios de comunicación al servicio de uno u otro gran partido político se encargaban de recordarnos día sí y día también..

Una vez que ETA ya no tenía la fuerza y el peligro desestabilizador de los años ochenta, se pudo utilizar en Euskadi como propaganda política y justificación de esos asaltos a la democracia que en el extranjero nunca entendieron (¡ah! ¡no conocen a esos malvados vascos!) como cerrar periódicos o ilegalizar partidos.

Pero la España de ahora ya no es la misma que antes. Además de que ETA pinte ya demasiado poco como para seguir usándola como propaganda, actualmente asistimos al asalto más salvaje en décadas contra los derechos conquistados por las clases no-privilegiadas, enmascarados bajo una “crisis” que no es más que un eufemismo que enmascara una estafa a nivel global planeada y perpetrada por la banca y las grandes corporaciones, las verdaderas organizaciones criminales del Siglo XXI. Y en ese clima de asalto contra la débil situación económica de los no-privilegiados y sus libertades democráticas, se enmarca este cambio en la estrategia del poder: la vasquización de España.

Con el anuncio de las modificaciones al código penal que considerarán la resistencia pasiva como atentado a la autoridad, la difusión de convocatorias por Internet “que alteren gravemente el orden público” como integración en banda criminal, y la equiparación de la violencia callejera hacia bienes inmuebles con el terrorismo, estamos asistiendo al pistoletazo de salida del proceso de vasquización de España.

A partir de ahora y cada vez más, todos los españoles pasarán a ser vascos. Lo que muchos habían conseguido ignorar ya fuera por cobardía o por desconocimiento de la situación en el País Vasco más allá de la propaganda de los medios de masas, ha llegado al resto del Estado. La situación es grave, el gobierno sabe que sus medidas van a provocar un descontento generalizado, y su reacción es tan vieja como el fascismo: la construcción de un enemigo interno a través del cual justificar las acciones antidemocráticas orientadas a la represión del descontento.

El enemigo vasco se ha vuelto insuficiente, porque la oposición al régimen es generalizada y muy peligrosa. Por tanto, la propaganda oficial en España ya no se puede permitir ceñirse al enemigo vasco salpicando lateralmente a movimientos molestos en el resto del país, como hacía antes. En los viejos tiempos si se quería criminalizar una manifestación de estudiantes, la policía inventaba que había algún vasco malo entre ellos, o que copiaban las técnicas a Jarrai, o se "encontraba" alguna relación que nadie tendría que probar nunca, y con eso bastaba. Pero ahora eso se ha quedado pequeño, y encima a ETA le ha dado por desaparecer. Así que en la situación actual la criminalización debe ampliarse para que afecte a todos los rebeldes, para que la porción de los españoles que siguen tragando la propaganda del Estado y votando a quien les oprime, desplace hacia todos ellos su frustración.

Antes los vascos eran los malos, ahora los malos van a estar por todo el territorio del Estado. A partir de ahora tú y yo y todos, seremos cada vez más vascos: el proceso de vasquización de España ya está en marcha.

jueves, 26 de enero de 2012

Engaños de este sistema: la falsa frontera entre extremistas y moderados







Quiero escribir sobre cierto problema que tenemos pendiente de solucionar si queremos salir adelante: Los conservadores. Y antes de que nadie se rasgue las vestiduras, quiero olvidar las definiciones aprendidas del sistema imperante, porque conservador no es uno “de derechas”. Cuando el significado común de una palabra es engañosa y está manipulada como mecanismo de control del poder, es necesario cuestionar y redefinir esa palabra. Lo que aquí llamo conservadores es distinto a lo que la “democracia estándar” llama conservadores.

Tenemos que empezar por asumir que la mayor parte de la población es conservadora. En España lo son los votantes del PP, al igual que lo son los votantes del PSOE. Unos y otros, y también los de unos cuantos partidos políticos más, quieren ver continuísmo en el sistema confiando en que unos pequeños retoques aquí y allí solucionarán las cosas.

Todo este tinglado ha funcionado de manera estable durante bastante tiempo. Y mientras funcionaba, el poder en el capitalismo decidió clasificar políticamente a sus ciudadanos mediante una división muy fácil y comprensible para todos, para que nadie se equivocara y se metiera en el lugar que no debe:


Los moderados

Por un lado tenemos a los que aceptan el sistema y no tienen ninguna intención de cambiar nada. Estos se llaman a sí mismos “moderados”. Y da igual que sean de derecha o de izquierda. PP o PSOE en España son todos “moderados”, desde la perspectiva del sistema de gobierno imperante.

Lo importante de que ellos sean “moderados” es que todos los demás son “extremistas”, y de hecho este es uno de los detalles en los que es posible ver más fácilmente a través de la propaganda, porque para atacarse unos a otros suelen acusarse mutuamente de extremistas.

Cada vez que los del PSOE o sus medios de comunicación te dicen que los del PP son unos fascistas. Cada vez que los del PP o sus medios de comunicación afirman que en el PSOE son unos rojos revolucionarios. Utilicen los argumentos que utilicen, ambos no son más que dos partidos moderados, continuístas con lo existente y por tanto conservadores, que hacen uso de ese componente esencial de la propaganda del sistema que es la diferenciación entre “extremistas” y “moderados” para intentar ser los únicos verdaderamente moderados, virtud entre virtudes.

Al mismo tiempo crean la ilusión de la diferencia con el enfrentamiento entre “derecha” e “izquierda”, cuando sólo estamos discutiendo entre facciones distintas de una misma ideología, de un mismo partido, de una misma forma de organización social, del trabajo, del estado.


Los extremistas y radicales

Los que no aceptan el sistema tal y quisieran otra cosa. Estos son los que tanto los políticos y medios de comunicación conservadores llaman “extremistas”. Como los conservadores de “derecha” y de “izquierda” son quienes crean y manipulan el lenguaje en sus medios de comunicación (que les pertenecen en un 99%), es muy posible que tú mismo hayas utilizado esta etiqueta de manera muy genérica para referirte a todos los que no son civilizadamente moderados.

Da igual que el “extremista” sea un decrecionista que pretenda reducir el ritmo de la economía, un primitivista que quiera volver al trueque, un autoritario que quiera un estado centralizado, un libertario de ‘derecha’ o un libertario de ‘izquierda’, alguien que quiera unificar el Estado y la Iglesia, otro que no quiera ni Estado ni Iglesia, etcétera.

Independientemente del contenido de toda ideología que pretenda plantear una forma distinta de organizar la sociedad a la actual, esa ideología es “radical”. Y lo es en cuanto que pretende algo distinto a lo que hay. Cuando una ideología pretende algo diferente a lo que hay, automáticamente se convierte de una ideología extremista.

El mensaje, en definitiva, es que la disensión respecto al status quo mantenido por unos partidos moderados es siempre ideológicamente extremista y por tanto indeseable desde cualquier óptica.


La trampa ideológica

Todo este engaño ideológico ha funcionado muy bien. Hasta ahora. Porque como las cosas en apariencia iban bien en el capitalismo, no parecía haber demasiado motivo para cuestionarlas y mucho menos para cambiarlas. Sobre todo si uno vivía en un país rico, claro. Así que quien lo cuestionara era fácilmente asumido por la población como extremista, sin hacer muchas más preguntas. Como dijo en aquella famosa cita el obispo Hélder Câmara, “Cuando doy comida a un pobre, me llaman Santo, cuando pregunto por qué un pobre no tiene comida, me llaman ‘Comunista’ ”

Pero en fin, resulta que llegó la estafa esta salvaje por parte de banqueros y especuladores, esa cosa que han decidido llamar “crisis” mientras se enriquecen y el 99% nos ahogamos en la mierda.

Siguen manipulando el lenguaje, es obvio: crisis, crisis, crisis, aunque no sea otra cosa que una estafa que a su avaricia se le ha ido de las manos. Con un poco de atención que hayamos prestado últimamente, vemos la obviedad del secuestro de los gobiernos por parte de los mercados y la deuda, la banca nombrando primeros ministros a diestro y siniestro por Grecia e Italia y poniendo al nuevo Ministro de Economía en España, los estados de la UE saqueándose entre ellos con los países que “ayudan” a Grecia obligándole a comprar armas para tenerle bien cogido y endeudado, y hasta una guerra subterránea entre el núcleo duro de la UE y Gran Bretaña.

Y de pronto la cosa ya no está tan clara.

Y aunque los ciudadanos se han dado cuenta en gran medida de que todo esto no es más que una estafa enorme por parte del 1%, de esa gentuza sin escrúpulos que ha montado todo esto para empobrecerlos todavía más, la mayoría continúan con la esperanza de que todo vuelva a estar igual que antes (como si lo de antes no hubiera causado lo de ahora). Siguen pues votando en masa PPSOE y otros partidos “moderados”, para intentar volver a eso, a lo de siempre de antes.

Pero esto es precisamente lo que se nos hace imprescindible ya asumir. La posición conservadora, es decir, “moderada”, ya no va a ningún lado. No podemos confiar en el PSOE ni en el PP, y poco o nada debe haber en todo el espectro político de la partitocracia con suficiente valentía para empezar a pensar otro sistema. Pero debemos encontrar algún camino, porque si volvemos a lo de antes, sólo será para volvernos a hundir.



miércoles, 25 de enero de 2012

La partitocracia y la independencia del poder judicial



La nueva polémica entre las dos viejas y poderosas facciones del mismo poder partitocrático -PP y PSOE- gira en torno a la decisión del gobierno de hacer "independiente" al Consejo General del Poder Judicial, elegido hasta ahora por los partidos políticos.

Tras estos últimos años ha resultado muy obvio que hay en el poder judicial no una "politización" sino una dependencia directa de la partitocracia, dos cosas que no deben confundirse. Este es el verdadero problema, y es justo hacia donde ninguno de los dos grandes partidos quiere señalar. Hoy en día cualquier español que no haya vivido bajo tierra en los últimos años sabe eso de que en el CGPJ hay jueces del PP y del PSOE, así como sucede algo parecido en el Tribunal Constitucional, o en las juntas electorales.


(viñeta de Vergara)


La solución no es la que plantea el PP. No se trata de que un poder judicial endogámico y alejado de la realidad social sea quien elige al CGPJ. Esto no va a hacer desaparecer la politización, es un espejismo ideológico: Los jueces seguirán teniendo su ideología y sus ideas sobre cómo ha de aplicarse y/o interpretarse la ley. Esconder la dimensión política del poder judicial no va a construir más que una pantalla ilusoria de independencia.

La solución tampoco es la que plantea el PSOE. La elección de los cargos judiciales que pasa a través del poder legislativo no hace más que poner a los jueces en manos de la partitocracia. En teoría hablamos de la separación de los tres poderes, legislativo, ejecutivo y judicial, pero en España es el poder legislativo en manos de los partidos quien elige al presidente y a los cargos judiciales, rompiendo la supuesta independencia de poderes y alejando la democracia del pueblo.

¿Y si en lugar de todo esto, fueran los ciudadanos quienes votaran los mecanismos de gobierno del poder judicial, así como cargos como el fiscal general del estado o el defensor del pueblo, con candidaturas ajenas al sistema estándar de partidos políticos y con leyes estrictas que asegurasen la separación de tales poderes, incompatibilizando la labor del juez con cualquier dimensión política de partido?

Pero tal cosa significaría dar más poder a los ciudadanos y arrebatarlo a las organizaciones monolíticas que aglutinan todo el poder en España, que son los partidos políticos; así que raro será que veamos este tipo de medidas tan siquiera planteadas en un medio de comunicación de masas, ya sea uno adscrito al PP, o ya sea uno adscrito al PSOE.

jueves, 27 de octubre de 2011

Primero ocupar. Las demandas ya vendrán después.

Artículo original de Slavoj Zizek en The Guardian, 26 de Octubre de 2011, particularmente a colación de unas declaraciones de Bill Clinton guiñando el ojo -como ya en España pretendió hacer el PSOE- a los manifestantes que arrancaron con el #occupywallstreet
http://www.guardian.co.uk/commentisfree/2011/oct/26/occupy-protesters-bill-clinton


Primero ocupar. Las demandas ya vendrán después.

¿Qué hacer después de que las 'ocupaciones' de Wall Street y más allá, después de las protestas que empezaron allá a lo lejos, alcanzaron el centro y ahora, reforzadas, están regresando al resto del mundo? Uno de los grandes peligros a los que se enfrentan quienes protestan es la posibilidad de enamorarse de sí mismos. En un eco de Wall Street, esta semana en San Francisco, un hombre se dirigió a la multitud invitándoles a participar como si estuviera sucediendo al estilo hippy de los 60: "Nos preguntan cuál es nuestro programa. No tenemos programa. Estamos aquí para pasar un buen rato."

Nada bueno sale de un carnaval así. La verdadera prueba del valor de lo que está pasando es lo que permanece el día después. Será la forma en la que cambie nuestra vida diaria. Quienes protestan deberían enamorarse del trabajo duro y paciente; esto es el principio, no el final. El mensaje esencial es que el tabú está roto, que no vivimos en el mejor mundo posible. Así que estamos incluso forzados a pensar en alternativas.

En una especie de triada hegeliana, aquellos que provienen de la antigua izquierda occidental y participan en estas protestas han cerrado su círculo: tras abandonar el "esencialismo de lucha de clases" por una pluralidad de luchas anti-racistas, feministas y de otro tipo, el capitalismo está resurgiendo claramente como el nombre del auténtico problema. Así que la primera lección que ha de sacarse de aquí es: no le eches la culpa a la gente y sus actitudes. El problema no es la corrupción o al avaricia, el problema es el sistema que te impulsa a ser corrupto. La solución no es "Main Street, not Wall Street" ["Calle Principal, no Wall Street", expresión intraducible, N.del T.], sino cambiar el sistema en el que la Calle Principal no puede funcionar sin Wall Street.

Hay un largo camino por delante, y pronto tendremos que enfrentarnos a las cuestiones verdaderamente difíciles. No las de lo que no queremos, sino las de lo que queremos. ¿Qué organización social puede sustituir al capitalismo existente? ¿Qué tipo de nuevos líderes necesitamos? ¿Qué órganos, incluyendo los de control y represión? Las alternativas del Siglo XX obviamente no funcionaron.

Mientras que resulta emocionante disfrutar los placeres de la "organización horizontal" de masas que protestan con solidaridad igualitaria y mediante debates libres y abiertos, deberíamos también tener en cuenta aquello que escribió G.K.Chesterton: "Tener tan sólo la mente abierta no es nada; el objetivo de abrir la mente, como cuando se abre la boca, es cerrarla de nuevo sobre algo sólido". Esto también se sostiene en el campo de la política en tiempos de incertidumbre: los debates abiertos tendrán que concretarse no sólo generando nuevos significantes-maestros [término lacaniano para referirse a las palabras que en nuestras mentes sirven como ejes esenciales para definir la realidad, N.del T.], sino también como respuestas concretas a la vieja cuestión leninista, "¿Qué se ha de hacer?".

Los ataques conservadores directos son fáciles de combatir. ¿Son las protestas antiamericanas? Cuando los fundamentalistas conservadores afirman que América es una nación cristiana, uno debería recordarles lo que es la cristiandad: el Espíritu Santo, la comunidad libre e igualitaria de creyentes unidos por el amor. Son los manifestantes quienes son el Espíritu Santo, mientras que en Wall Street los paganos adoran a falsos ídolos.

¿Son violentos los manifestantes? Cierto es que su mismo lenguaje pudiera parecer violencia (ocupación, etc), pero sólo son violentos en el sentido en que Mahatma Gandhi era violento. Son violentos porque quieren detener la manera en la que son las cosas. ¿Pero qué es esta violencia comparada con la violencia imprescindible para sostener y pulir el funcionamiento del sistema capitalista global?

Les llaman perdedores. ¿Pero no están los verdaderos perdedores en Wall Street, no son los perdedores acaso aquellos que han tenido que recibir rescates masivos? Les llaman socialistas, pero en EEUU el socialismo sólo se da entre los ricos que se ayudan entre sí cuando pierden. Se acusa a los manifestantes de no respetar la propiedad privada, pero la especulación en Wall Street que llevó al crash de 2008 acabó con más propiedad privada que si los manifestantes hubieran estado destruyendo cosas noche y día. Sólo hay que pensar en los miles de casas vaciadas por órdenes de deshaucio.

No son comunistas, si es que comunismo significa el sistema que merecidamente colapsó en 1990; y recordemos que los comunistas que siguen hoy día en el poder, son los que gobiernan bajo un capitalismo más despiadado. El éxito del capitalismo chino es un signo del mal agüero sobre el hecho de que el matrimonio entre el capitalismo y la democracia se está acercando a su divorcio. El único sentido en el que los manifestantes son comunistas es en que se preocupan por los bienes comunes -de la naturaleza, del conocimiento- que están amenazados por el sistema.

Se les descarta por ser soñadores, pero los verdaderos soñadores son quienes piensan que las cosas pueden seguir indefinidamente como hasta ahora, apenas con algunos cambios cosméticos. No son soñadores, son el despertar de un sueño que se está tornando en pesadilla. No están destruyendo nada, sino que están reaccionando al modo en que el sistema se está destruyendo gradualmente a sí mismo. Todos conocemos la clásica escena de los dibujos animados: el gato llega a un precipicio pero sigue andando y sólo se cae cuando mira hacia abajo y se da cuenta del abismo que hay allá. Los manifestantes tan sólo están recordándole a quienes están en el poder que miren hacia abajo.

Esta es la parte fácil. Quienes protestan deberían cuidarse no sólo de sus enemigos, sino también de falsos amigos que fingen apoyarles pero que ya están trabajando duramente para diluir la protesta. Del mismo modo que obtenemos café sin cafeína, cerveza sin alcohol o helados sin grasas, los que están en el poder intentarán convertir las protestas en un gesto moralista inofensivo.

En el boxeo, un abrazo consiste en agarrar el cuerpo del oponente con uno o los dos brazos para prevenir u obstaculizar los puñetazos. La reacción de Bill Clinton a las protestas de Wall Street es un caso perfecto de 'abrazo' político. Clinton piensa que las protestas son "en su fondo, una cosa positiva", pero le preocupa lo nebuloso de la causa: "Tienen que estar a favor de algo específico, y no sólo contra algo, porque si estás sólo contra algo, algún otro llegará para llenar el vacío que tú creas", dijo. Clinton sugirió que los manifestantes apoyen el programa de empleo del Presidente Obama, que según afirmó crearía "un par de millones de empleos en el próximo año y medio".

Lo que uno debería resistir en esta etapa es precisamente una traslación tan rápida de la energía de la protesta hacia un conjunto de demandas pragmáticas concretas. Sí, las protestas crearon un vacío, un vacío en el campo de la ideología hegemónica, y se necesita tiempo para llenar este vacío apropiadamente. Porque funciona como si se tratara de un vacío preñado, de una apertura para lo verdaderamente nuevo.

La razón por la que la gente salió a la calle, es que ya habían tenido suficiente de ese mundo en el que reciclar tus latas de Coca-cola, dar un par de dólares a la caridad o comprar un cappuccino en algún lugar donde un 1% vaya a países en vías de desarrollo, es suficiente para sentirse uno bien. Después de externalizar el trabajo y la tortura, después de que las agencias matrimoniales empezaran incluso a subcontratar a otros países el origen de sus citas, se dieron cuenta de que llevaban mucho tiempo permitiendo que su implicación política también fuera subcontratada. Y ahora la quieren de vuelta.

El arte de la política consiste también en insistir en una demanda en particular que, aunque en sentido estricto sea "realista", perturbe el núcleo central de la ideología hegemónica: es decir, ha de ser una demanda que, aunque sea perfectamente factible y legítima, sea de facto imposible (la sanidad pública universal en EEUU fue un caso así). En el periodo que siga a las protestas en Wall Street, sin duda deberíamos movilizar a la gente para realizar tales demandas. Sin embargo, no es menos importante permanecer al mismo tiempo fuera del campo pragmático de las negociaciones y las propuestas "realistas".

Lo que uno siempre debería tener en mente es que cualquier debate aquí y ahora se constituye necesariamente como un debate en terreno enemigo; se necesita tiempo para desplegar el nuevo contenido. Todo lo que ahora digamos se nos puede arrebatar, todo excepto nuestro silencio. Este silencio, este rechazo al diálogo, a todas las formas de 'abrazo político' de los falsos amigos, es nuestro "terror", tan amenazante y siniestro como debe de ser.

martes, 11 de octubre de 2011

"No tengáis miedo de querer realmente lo que deseáis". Slavoj Zizek en Wall Street

Traducción de la transcripción del discurso de Slavoj Zizek en Wall Street, octubre de 2011. Particularmente relevante por la relación de algunos de los puntos de los que habla Zizek respecto al 15M español que precedió al #occupywallstreet.

(la repetición de las voces en el vídeo original responde a que no dejan utilizar megáfonos en Wall Street, con lo que se ha montado un 'coro improvisado' para que quien habla pueda hacerse oir)





Somos todos perdedores, pero los verdaderos perdedores están aquí abajo en Wall Street. Fueron abandonados por miles de millones de nuestro dinero. Nos llaman socialistas, pero aquí siempre hay socialismo para los ricos. Dicen que no respetamos la propiedad privada, pero en el crash financiero del 2008 se destruyó más propiedad privada por la que se trabajó duramente que si todos nosotros aquí nos dedicáramos a destruirla día y noche durante semanas. Os dicen que sois soñadores. Los verdaderos soñadores son los que piensan que las cosas pueden seguir como están de forma indefinida. No somos soñadores. Estamos despertando de un sueño que se está convirtiendo en una pesadilla.

No estamos destruyendo nada. Sólo estamos siendo testigos de cómo el sistema se está destruyendo a sí mismo. Todos conocemos la clásica escena de los dibujos animados. El gato llega a un precipicio pero sigue caminando, ignorando el hecho de que no tiene nada bajo sus pies. Sólo cuando mira hacia abajo y se da cuenta, cae. Eso es lo que estamos haciendo aquí. Les estamos diciendo a los de Wall Street, "¡Hey, mirad para abajo!".

A mediados de Abril de 2011, el gobierno chino prohibió en TV, películas y novelas, todas las historias que contuvieran realidades alternativas o viajes en el tiempo. Esta es una buena señal para China. Esa gente todavía sueña con alternativas, con lo que tienes que prohibir que sueñen. Aquí no necesitamos una prohibición, porque el sistema dominante ha oprimido incluso nuestra capacidad para soñar. Mirad las películas que vemos todo el tiempo. Es sencillo imaginar el fin del mundo. Un asteroide destruyendo toda la vida, etcétera. Pero no puedes imaginar el fin del capitalismo.

Así pues, ¿qué estamos haciendo aquí? Dejadme que os cuenta una vieja broma maravillosa de la era Comunista. Un tipo es enviado desde la Alemania del Este para trabajar en Siberia. Sabía que los censores leerían su correo, así que le dijo a sus amigos: "Establezcamos un código. Si recibís una carta mía escrita con tinta azul, lo que digo es verdad. Si está escrita con tinta roja, es mentira." Un mes después, sus amigos obtienen la primera carta. Todo está en azul. La carta dice: "Todo es maravilloso aquí. Las tiendas están llenas de buena comida. Los cines ponen buenas películas occidentales. Los apartamentos son grandes y lujosos. Lo único que no puedes comprar es tinta roja". Así es como vivimos. Tenemos todas las libertades que queremos. Pero lo que nos falta es la tinta roja: el lenguaje para articular nuestra no-libertad. El modo en que se nos enseña a hablar sobre la libertad -guerra contra el terrorismo, etcétera- falsifica la libertad. Y esto es lo que estáis haciendo aquí. Nos estáis dando a todos tinta roja.

Hay un peligro aquí. No os enamoréis de vosotros mismos. Lo estamos pasando bien aquí. Pero recordad, los carnavales son cosa de mala calidad. Lo que importa es el día después, cuando tengamos que volver a nuestras vidas normales. ¿Habrá algún cambio entonces? No quiero que recordéis esos días como, ya sabéis, "Oh, éramos jóvenes y fue bonito". Recordad que nuestro mensaje esencial es "Se nos permite pensar sobre alternativas". Si esto está roto, no vivimos en el mejor mundo posible. Pero hay un largo camino por delante. Hay preguntas realmente difíciles que confrontar. Sabemos lo que no queremos. Pero, ¿qué queremos? ¿Qué tipo de organización social puede sustituir al capitalismo? ¿Qué tipo de nuevos líderes queremos?

Recordad. El problema no es la corrupción o la avaricia. El problema es el sistema. Te fuerza a ser corrupto. Cuidaos no sólo de los enemigos, sino también de los falsos amigos que ya están trabajando para diluir este proceso. Del mismo modo en que te dan café sin cafeína, cerveza sin alcohol, helados sin grasas, intentarán convertir esto en una protesta ética e inofensiva. Un proceso descafeinado. Pero la razón de que estemos aquí es que ya hemos tenido suficiente de este mundo en el que reciclar latas de Coca-cola, dar un par de dólares a la caridad o comprar un cappucino de Starbucks del que un 1% va a niños que mueren de hambre en el tercer mundo es suficiente para hacernos sentir bien. Tras subcontratar el trabajo y la tortura, después de que las agencias matrimoniales subcontraten nuestra vida amorosa, podemos ver que durante mucho tiempo hemos permitido que nuestra participación política sea también subcontratada. La queremos de vuelta.

No somos Comunistas si el Comunismo significa un sistema que colapsó en 1990. Recordad que hoy en día esos Comunistas son los Capitalistas más eficientes y despiadados. En la China de hoy, tenemos un Capitalismo que es incluso más dinámico que vuestro Capitalismo Americano, pero que no necesita democracia. Lo que significa que cuando critiques el Capitalismo, no te dejes chantajear con que estés contra la democracia. El matrimonio entre democracia y Capitalismo se ha terminado. El cambio es posible.

¿Qué percibimos hoy como posible? Tan sólo tenéis que seguir lo que dicen los medios. Por un lado, en lo que respecta a tecnología y sexualidad, todo parece posible. Puedes viajar a la luna, puedes hacerte inmortal mediante la biogenética, puedes tener sexo con animales o lo que sea, pero mirad al campo de la sociedad y la economía. Ahí, casi todo se considera imposible. Quieres subir un poquito los impuestos para los ricos. Te dicen que es imposible. Perdemos competitividad. Quieres más dinero para la sanidad, te dicen, "Imposible, esto significa un estado totalitario". Hay algo errado en un mundo en el que te están prometiendo la inmortalidad pero no se puede gastar un poquito más en sanidad. Quizá debemos dejar claras nuestras prioridades aquí. No queremos un estándar de vida más alto. Queremos un estándar de vida mejor. El único sentido en el que somos Comunistas es que nos preocupan los bienes comunes. Los bienes comunes de la naturaleza. Los bienes comunes de lo privatizado mediante la propiedad intelectual. Los bienes comunes de la biogenética. Por esto, y sólo por esto, deberíamos luchar.

El comunismo falló absolutamente, pero los problemas de los bienes comunes están aquí. Están diciéndoos que no somos americanos aquí. Pero se les debería recordar una cosa a los fundamentalistas conservadores que afirman que son realmente americanos: ¿Qué es la Cristiandad? Es el espíritu santo. ¿Qué es el espíritu santo? Es una comunidad igualitaria de creyentes unidos por el amor de unos a otros, y que sólo tienen su propia libertad y responsabilidad para construir esa comunidad. En este sentido, el espíritu santo está aquí ahora. Y allá en Wall Street, hay paganos que están adorando a ídolos blasfemos. Así que todo lo que necesitamos es paciencia. Lo único que me asusta es si algún día simplemente volvemos a casa y luego quedamos una vez al año, bebiendo cerveza, y recordando nostálgicamente "Qué buen momento pasamos entonces". Prometéos a vosotros mismos que esto no sucederá. Sabemos que la gente a menudo desea algo pero no lo quiere realmente. No tengáis miedo de querer realmente lo que deseáis.

Muchas gracias.

lunes, 12 de septiembre de 2011

¿Está obsoleto el trabajo?

Traducido de CNN.com,

http://edition.cnn.com/2011/OPINION/09/07/rushkoff.jobs.obsolete/index.html

¿Está obsoleto el trabajo?

Douglas Rushkoff es teórico de medios y autor de "Program or Be Programmed: Ten Commands for a Digital Age" y "Life Inc: How Corporatism Conquered the World and How We Can Take it Back."


(CNN) – El Servicio Postal de los Estados Unidos parece ser la víctima más reciente en la lenta pero firme sustitución de humanos trabajadores por tecnología digital. A no ser que se encuentre una fuente de financiación externa, correos tendrá que reducir drásticamente sus operaciones, o simplemente cerrar por completo. Eso supone 600.000 personas en el paro, y otros 480.000 jubilados enfrentándose a un ajuste.


Podemos culpar a la derecha por intentar socavar las condiciones de trabajo, o a la izquierda por intentar conservar los sindicatos ante los recortes gubernamentales y corporativos. Pero el verdadero culpable -al menos en este caso- es el email. La gente envía un 22% menos correo de lo que hacía hace cuatro años, eligiendo pagar mediante factura electrónica y prefiriendo otros medios de comunicación en Internet antes que sobres y sellos.


Las nuevas tecnologías están sembrando el caos en las cifras de empleo, desde las tarjetas para pagar automáticamente en los peajes que acaban con los empleos de personas a quienes pagabas allí a mano, a los automóviles auto-conducidos de Google que podrían dejar obsoletos a los taxistas. Cada nuevo programa de ordenador está haciendo básicamente alguna tarea que antes solía hacer una persona. Y el ordenador habitualmente lo hace más rápido, de manera más exacta, por menos dinero, y sin gastos de seguridad social.


Nos gusta creer que la respuesta apropiada es entrenar a los humanos para que realicen un trabajo más especializado. En lugar de recoger los pagos del peaje, el trabajador entrenado arregla y programa los robots que recogen los peajes. Pero eso nunca funciona así, porque los robots sustituyen a mucha más gente de la que se necesita para programarlos.


Así que el presidente aparece en televisión y nos dice que la gran cuestión de nuestro tiempo es el empleo, empleo, empleo, como si la razón para construir trenes de alta velocidad y arreglar puentes fuera poner a gente a trabajar. Me parece que hay algo retrógrado en esa lógica. Me pregunto si estamos dispuestos a aceptar una cuestión que necesita ser planteada.


E incluso me da miedo preguntar esto, pero, ¿desde cuando es el desempleo realmente un problema?. Entiendo que todos queramos nuestra nómina. Queremos comida, abrigo, ropa, y todas las cosas que el dinero nos compra. Pero, ¿realmente queremos trabajos?


Vivimos en una economía en la cual el objetivo ya no es la productividad, sino el empleo. Esto se debe a que en esencia tenemos practicamente todo lo que necesitamos. América es lo bastante productiva como para dar abrigo, alimento, educación e incluso sanidad para toda su población, y para eso bastaría con que trabajara una fracción de los que ahora trabajamos.


Según la FAO, hay suficiente comida como para darle a todos y cada uno de los habitantes del mundo 2,720 calorías al día. Y eso incluso a pesar de que América tire a la basura miles de toneladas de leche y cosechas tan sólo para mantener altos los precios. Mientras tanto, los bancos americanos sobrecargados de casas cuyos dueños no pudieron pagar la hipoteca, están demoliendo las casas vacías para sacarlas de sus libros de cuentas.


Nuestro problema no es que no tengamos suficientes cosas, es que no tenemos suficientes maneras para que la gente trabaje y demuestre que se merece estas cosas.


El empleo como tal es un concepto relativamente nuevo. Una cosa es que la gente haya trabajado siempre, pero hasta la llegada de la corporación en el Renacimiento temprano, la mayor parte de la gente trabajaba para sí misma. Hacían zapatos, desplumaban pollos, o generaban cosas de algún modo valiosas para otra gente, quienes entonces lo comerciaban o pagaban por esos bienes y servicios. En la Edad Media tardía, la mayor parte de Europa prosperaba bajo este sistema.


Los únicos que estaban perdiendo riqueza eran los aristócratas, que dependían de sus títulos para sacarle dinero a los que trabajaban. Así que inventaron los monopolios colegiados. Por ley, en la mayor parte de las grandes industrias los pequeños negocios fueron cerrados y en su lugar la gente tuvo que trabajar para corporaciones aprobadas oficialmente. Desde entonces, para la mayor parte de nosotros, trabajar pasó a significar “conseguir trabajo”.


La Era Industrial en gran medida consistió en hacer que esos trabajos fueran lo menos importantes y especializados que fuera posible. El objetivo de tecnologías como la línea de producción no era tanto hacer la producción más rápida como hacerla más barata, y a los trabajadores más sustituíbles. Ahora que estamos en la era digital, estamos utilizando la tecnología de la misma manera: Para aumentar la eficiencia, despedir a más gente, e incrementar los beneficios de las corporaciones.


Mientras que esto es ciertamente malo para los trabajadores y los sindicatos, me tengo que preguntar si es malo para la gente. ¿No era esto para lo que siempre quisimos de la tecnología? La pregunta que tenemos que empezar a hacernos no es cómo darle un empleo a toda la gente que la tecnología acaba dejando obsoleta, sino, ¿cómo organizamos una sociedad alrededor de algo que no sea el empleo?. ¿Podría cambiarse el espíritu de la iniciativa privada de modo que se deslizara hacia algo más cooperativo, con más propósito, incluso con más sentido?


Pero en lugar de eso, estamos intentando aplicar la lógica de la escasez en la plaza del mercado para negociar cosas que resulta que tenemos en abundancia. Lo que nos hace falta no es empleo, sino un modo de distribuir justamente el botín que hemos generado mediante nuestras tecnologías, y una modo de crear sentido en un mundo que ya ha producido demasiadas cosas.


La respuesta comunista a esta cuestión fue simplemente la de distribuirlo todo equitativamente. Pero aquello socavaba la motivación y nunca acabó de funcionar como se anunciaba. Lo contrario, la respuesta liberal (y la manera en la que parece que van las cosas ahora) sería la de sencillamente dejar en su sufrimiento a quienes no pueden sacar provecho del botín. Cortar los servicios sociales junto a sus trabajos, y tener la esperanza de que se desvanezcan en la distancia.


Pero todavía podría haber otra posibilidad, algo que no pudiéramos haber imaginado hasta la era digital. Como pionero de la realidad virtual, Jaron Lanier destacó recientemente que ya no necesitamos hacer cosas para hacer dinero. Podemos intercambiar productos basados en un intercambio de información.


Comencemos aceptando que comida y abrigo son derechos humanos básicos. Aparte de esto el trabajo que hacemos, el valor que creamos, es para el resto de lo que necesitamos: Esas cosas que hacen que la vida sea divertida, que tenga propósito y un sentido.


Este tipo de trabajo sería más una actividad creativa quen un "empleo". Al contrario que el empleo en la Era Industrial, la producción digital puede llevarse a cabo desde casa, de manera independiente, e incluso de un modo peer-to-peer sin tener que pasar a través de las grandes corporaciones. Podemos crear juegos unos para los otros, escribir libros, resolver problemas, educarnos e inspirarnos los unos a los otros, todo a través de bits en lugar de 'cosas'. Y podemos pagarnos los unos a los otros utilizando el mismo dinero que usamos para comprar cosas de verdad.


Quizá entonces, en esta situación en la que estamos luchando contra lo que parece ser una recesión económica global destruyendo comida y demoliendo casas, debamos pararnos a pensar ese concepto del trabajo en cunto que aspecto principal de nuestras vidas que quisiéramos salvar. Y es que el trabajo podría ser un método, pero no es un fin en sí mismo.